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La Profesora de Catequesis II
Written by Skaidan
Llegué a casa en medio de un diluvio. El agua, que había cesado de caer durante un rato, volvió a dejarse caer sobre la ciudad mientras el frío empezaba a hacer mella. Mi madre no dijo nada, consideraba normal que llegara a casa a las nueve de la noche, especialmente si había estado con la profesora, que a sus ojos era una mujer seria, muy religiosa y responsable. Creía conocerla muy bien.
Cené poco aquella noche y me fui a dormir poco después de las diez, como solían recomendarme mis padres. Tardé mucho en quedarme dormido, pensando en lo que había ocurrido. Me resultaba increíble haber perdido la virginidad así, con tanta facilidad. Sin embargo, a pesar de aquello, pensaba que realmente tenía sentido que alguien como yo, que tenía vocación de religioso, conociera a fondo el pecado para poderlo combatir mejor. Procuré, sin éxito, olvidar el placer que había sentido y reducir los hechos acaecidos a un mero ejercicio necesario para mi formación.
La mañana del día siguiente fue normal. Estuve en clase, sin poder concentrarme demasiado, y luego volví a casa a almorzar. Estudié, o intenté hacerlo, hasta la hora de ir a la parroquia y entonces dirigí mis pasos hacia allí. Eran las siete y cuarto cuando entré y sólo quedaban dos madres dentro, donde el pasillo que llevaba a la sacristía desembocaba en la iglesia. Hablaban con el párroco de no sé qué. Doña Lourdes también estaba allí, pero guardaba silencio. Me vio, pero permaneció impasible, como si nada absolutamente hubiera pasado.
Apagué velas, puse cosas en orden y luego, cuando ya las madres se habían ido, entré en la sacristía; sólo estaba allí don Alberto.
-¿Y doña Lourdes? –le pregunté extrañado mientras él recogía unos papeles y los metía en una carpeta azul.
-Se ha ido ya –respondió-. Hoy tenía prisa, porque tiene que coger un tren esta noche para ir al pueblo de su madre. Al parecer está enferma y necesita cuidados unos días.
Aquello me dejó tan hundido que hasta don Alberto lo notó.
-¿Qué te ocurre? Ni que hubieras visto un fantasma. Se pondrá bien, no te quepa duda. Esas mujeres de pueblo son durísimas.
-Sí, espero que sí –le contesté fingiendo alivio.
-¿Has dejado todo en orden ya?
......(cont)
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