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La llegada a Barcelona
Written by Skaidan
Me había montado en él a una hora intempestiva, las cuatro de la madrugada. Mi madre había insistido en que, llegando a Barcelona temprano, me amoldaría mejor que llegando por la noche, así que allá que me monté en el tren talgo cuando nadie andaba por las calles y me tumbé en una litera en un compartimento compartido con dos viajeros más. Lo peor de todo fue que no pegué ojo en todo el trayecto, puesto que mis tribulaciones eran el mejor remedio contra la somnolencia.
El tren llegó a Barcelona hacia las diez de la mañana. Cuando me bajé vi de inmediato a mi tía Adela, con quien iba a vivir. Al menos el problema de la vivienda, pensé, estaba resuelto. Eso ya era un buen comienzo. Junto a mi tía estaba mi prima Alicia, de quince años y una chica con cara inocente y cuerpo de mujer. Era delgada, rubia y de ojos azules. Tenía pecho abundante y, lo supuse al instante, debía traer de cabeza a medio instituto. Además, para colmo, vestía ropa ceñida.
Mi tía, después de darme un beso y de que me lo diera Alicia, me ayudó con mi equipaje y me indicó la escalera mecánica por la que debíamos subir al vestíbulo de la estación, que era subterránea. Era una mujer de mediana edad, con un ligero sobrepeso, pecho abundante y atractiva de cara; me extrañaba que estuviera divorciada y que, según mi madre, no tuviera ningún ligue.
La mañana, pude comprobarlo muy pronto, era soleada y de temperatura agradable. Fuimos a coger el coche de mi tía, un Renault Mégane azul, de un aparcamiento público y muy pronto estuvimos de camino hacia su casa. Mientras hablaba con mi tía de las cosas típicas, si tenía novia, si estaba ilusionado con mis estudios y demás, me fijé en la ciudad. Tenía aspecto viejo y cosmopolita al mismo tiempo, ese aire de experiencia que tantas ciudades europeas poseen a pesar de ser al mismo tiempo vanguardistas.
Me sorprendió comprobar que mi tía y mi prima vivían en una zona elegante de la ciudad, en la Carrer del Bruc, cerca de la Plaça de Tetuán. Tenían un piso amplio y muy bien acondicionado que realmente no se correspondía con su poder adquisitivo, que era medio. Mi tía era profesora de educación primaria y aquello me parecía algo excesivo, pero supuse que algún golpe de suerte en la lotería debía haber de por medio.
Me habían preparado una habitación de lo más completa. Disponía de una cama amplia, un escritorio, unas repisas para colocar libros, un armario grande y una ventana que daba a la calle. Era luminosa y amplia, así que me agradó al instante. Luego comprobé que los otros dos dormitorios eran también amplios y de similares características, claro que sólo el de mi prima contaba con ordenador. Me aseguró que podía utilizarlo siempre que lo necesitara.
Mi tía y mi prima hablaban en catalán casi todo el tiempo y yo, además, me alegraba de ello, porque así iría familiarizándome más que esa lengua, imprescindible si se quiere vivir con facilidad en Cataluña. Las dos parecían contentas de que estuviera con ellas y no lo disimulaban en absoluto, sobre todo mi tía, que me sonreía todo el rato con una amabilidad a prueba de bombas.
Cuando hube organizado un poco mi equipaje, con ayuda de mi tía Adela, ésta me dijo que podríamos ir a almorzar a algún sitio y así podría ir viendo un poco la ciudad. Se puso una falda que le llegaba por las rodillas, unas sandalias de tacón alto negras y una camiseta de manga corta bastante ceñida que no contribuía en absoluto a disimular su busto grande. Estaba claro de quién había heredado mi prima sus melones.
......(cont)
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