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La cala
Written by Skaidan
El chalet tenía unos setenta metros cuadrados en una sola planta y un pequeño, aunque acogedor e independiente, patio delantero. En él había una mesa y dos sillas, todo ello de plástico. El interior contaba con un salón amplio con barra americana, un baño espacioso también, un dormitorio y un trastero bastante grande, que, pensé, podría haberse aprovechado para sacar otra habitación. Lo que nos llamó la atención, porque no se nos había advertido, era que en el dormitorio sólo había una cama de matrimonio. A mamá y a mí nos chocó un poco, pero no éramos unos puritanos sin remedio ni unos comodones, por lo que no nos importó tener que compartir cama unos días, sobre todo porque ésta era de un tamaño considerable.
La primera tarde la empleamos en ir a un pueblo que había a varios kilómetros de allí y proveernos de suficiente comida para los días que íbamos a pasar en la zona. También estuvimos organizando el equipaje y colocándolo todo en los armarios empotrados que había por todo el chalet. Cuando acabamos, no sentamos en el salón a ver la tele. Era un salón bastante cómodo y moderno, en el que había dos sofás biplaza de color hueso y una mesa de cristal de dos pisos. La mesa del televisor era también de cristal y el aparato era de veintinueve pulgadas y de muy buena marca, de lo cual me alegré sobremanera. Mamá preparó unos filetes con patatas y nos quedamos muy satisfechos. Tanto es así que decidimos salir a dar un paseo y respirar un poco de aire nocturno junto al mar.
Anduvimos durante una hora más o menos por la carretera que discurría paralelamente a la playa y vimos que todo estaba muy en calma. Tan sólo vimos a dos o tres personas sacando la basura o llegando en sus coches. Todo parecía muy tranquilo e invitaba al descanso, de modo que regresamos a casa y nos dispusimos a acostarnos. Mamá entró en el cuarto de baño para ducharse y ponerse un camisón y luego yo hice lo propio. Cuando me fui a acostar, mamá ya estaba dormida. Yo también caí pronto en un sueño profundo.
Al día siguiente me desperté a las once. Mamá ya estaba despierta desde hacía un rato. Se había puesto ya el biquini, un exiguo biquini que no disimulaba en nada sus encantos de mujer. Mamá tenía el cuerpo de una típica mujer de cuarenta años, algo relleno, aunque de forma agradable a los ojos. Sus pechos era lo que más llamaba la atención, ya que eran bastante grandes, de la talla 110C si no recuerdo mal. Sus piernas eran bonitas también, rollizas y esbeltas al mismo tiempo, con muslos más que apetitosos. Su culo era amplio y nada flácido y sus pies pequeños y sexis. En general, era una mujer muy sexy y me extrañana que mi padre la hubiera dejado por otra al poco de yo nacer. También me extrañaba que ella no hubiera rehecho su vida, pero supongo que les había cogido un poco de aversión a los hombres.
-¿Quieres desayunar? -me preguntó sentada en el sofá y acabando de beberse un café con leche.
-Sí -respondí.
Mamá se levantó y se puso detrás de la barra. Sus tetas se movían de un lado para otro, sobre todo debido a que la parte superior de su biquini estaba sujeta por una tiras muy delgadas que le daban una inestabilidad muy agradable a la vista. Mamá me sonreía como siempre. Era una mujer bastante seria con la gente, sobre todo en su trabajo ( era subdirectora de una empresa de supermercados de Madrid ), pero conmigo todo cambiaba. Me quería mucho y siempre me estaba cuidando e interesándose por mí y mis asuntos.....(cont)
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